LOS LLANOS - LA ORINOQUÍA

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El amplio territorio que se extiende entre el "pie de monte" de la Cordillera Oriental y la frontera con Venezuela está formado por los "Llanos Orientales" y la Orinoquía, una inmensa llanura de más de 250.000 kilómetros cuadrados, cubierta casi toda por pastos naturales, con manchas frecuentes de "bosques de galería". Y uno que otro sector de cultivos de arroz, palma africana y oleaginosas, en proximidad de los ríos y no demasiado apartados del "pie de monte". Los ríos mayores -Arauca, Casanare, Meta, Tomo, Vichada, Guaviare, Inírida y sus numerosos afluentes -, pertenecen a la vertiente del Orinoco. El sector comprendido por los dos últimos citados y el Vaupés, deja de ser "sabana" y forma una selva transicional entre el Orinoco y el Amazonas. Con esta excepción, los inmensos pastizales sirven en su mayor parte para ganadería extensiva: fundos de miles de hectáreas, distancias de muchas horas de camino entre un lugar habitado y otro, poca gente, inexistencia de cercos o demarcaciones. Toda la región se somete dos veces al año a fuertes contrastes climáticos: lluvias torrenciales que provocan inundaciones, alternadas por largas sequías que causan voraces incendios.

El medio y sus habitantes tienen mucho en común con los Llanos de Venezuela: historia regional, paisaje, indumentaria, bailes y cantos. ( Y a propósito: los joropos, amenizados por pequeños conjuntos de cuerda, incluyen dos instrumentos muy locales: el más pequeño - el cuatro- es una especie de tiple minúsculo. El más grande - el arpa - es una herencia de los jesuitas y resulta toda una paradoja, por lo inapropiada a un medio donde todo se mueve a caballo y a grandes distancias. El caso es que la música llanera es una de las mejor caracterizadas del país.)

LOS PARQUES NATURALES Y LA ECOLOGÍA

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En Colombia hay 42 áreas naturales protegidas dentro del Sistema de Parques Nacionales Naturales, pertenecientes a varias categorías ( 2 Reservas Naturales; 33 Parques; 6 Santuarios de Fauna y Flora y un área única), con una extensión global superior a nueve millones de hectáreas - cerca del 9 % del territorio -, una de las más grandes del mundo en proporción al tamaño del país. Ello no debiera sorprender, si se tiene en cuenta que Colombia es también un caso del todo excepcional en materia de biodiversidad:

Es el segundo país del mundo en especies vegetales (49.000 especies, frente a Brasil, que ocupa el primer lugar y alcanza 55.000, pero en un territorio siete veces más grande).
Colombia es todavía más notable en avifauna (l.754 especies, el 19.4% del total mundial, mientras Brasil alcanza el 17.62% y áfrica entera el 15%).
Es también el más rico en orquídeas y palmeras,
El segundo en anfibios,
El tercero en reptiles.
Una concentración tan gigantesca de especies, que alcanza más del 10 % de la biota mundial en menos del uno por ciento del territorio, supone unas áreas de distribución relativamente pequeñas en muchos casos y un alto grado de endemismo, lo que hace más difícil protegerlas.
Hay que advertir, además, que los Parques tienen aquí una misión adicional a la de preservar la flora y la fauna silvestres, junto con los ecosistemas que las sustentan. En efecto, los Parques colombianos albergan en muchos casos las etnias indígenas que han sido sus ocupantes ancestrales. Obviamente, no solo el patrimonio biótico sino una parte importante del capital humano, del conocimiento y las formas tradicionales de manejo del bosque natural, más los antecedentes arqueológicos de uno y otro, están también allí.

Los 87 grupos indígenas que aún restan en Colombia, con algo más de medio millón de individuos, son los supérstites de unas trescientas etnias bien diferenciadas que habitaban el territorio hacia el tiempo de la Conquista Española. Así, muchos de los Parques son a la vez Resguardos Indígenas, sujetos a una legislación especial que da a las comunidades nativas manejo autónomo en un amplio nivel de decisiones, como ocurre en el Parque de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde coexisten un Resguardo Kogui y otro Aruhaco. Otro ejemplo es Cahuinari, en el corazón de la región amazónica colombiana, donde conviven Huitotos, Muinanes, Nanuyas, Mirañas, Boras, Yacunas y Andoques, los cuales recuperaron un territorio que prácticamente quedó vacío a raíz del genocidio perpetrado contra los recolectores del caucho a manos de los capataces de la "Casa Arana", del Perú. En otros casos, en fin, el Parque es sencillamente el territorio donde los nativos conservan su hábitat natural y obtienen su subsistencia.